SÍNTOMA DE DESTRUCCIÓN
Los eventuales temblores y devastadores terremotos de los últimos tiempos, podrían ser solo la antesala a lo que podría venir más adelante si descuidamos la tierra como lo venimos haciendo desde hace tantos años. El lúgubre paisaje de muertos que se ha visto, no solo en nuestra ciudad sureña de Pisco, sino también en nuestro vecino país de Chile, Haití y México, nos alerta que no basta con tomar medidas de emergencia, prevenciones y estudios para saber cuando será el siguiente sismo, sino también, tratar de aminorarlos buscando una manera de sosegar su furia. Podría llegar un momento en el que no haya prevención que funcione y que los movimientos telúricos sean tan potentes que no darían tiempo de reconstruir nada ni prever el siguiente. Pero ¿Existe un modo de aplacar la furia de la naturaleza? Es probable, pero casi improbable que se de. Es que todo está relacionado.
Un mortífero descuido
Según el científico australiano Tom Chalko y mediciones de la NASA desde el espacio, la Tierra en su totalidad absorbe por lo menos 0,85 Megavatios más de energía solar por kilómetro cuadrado de la que puede irradiar de nuevo hacia el espacio. Este desequilibrio térmico significa que el calor generado en el interior del planeta no puede escapar y que el interior del planeta debe sobrecalentarse. La ola de destrucción masiva que sufre la gente de esta era es fruto de nuestra manera de vivir, nuestros lujos vanos y nuestras costumbres grotescas. Los terremotos y temblores terrícolas son un signo más, acaso el más notorio pero casi desconocido, de el tan mencionado calentamiento global. Es posible que muchos peruanos no lo sepan, pero contaminar el mar con nuestros desechos, que las mineras contaminen nuestros ríos, echar aceite de cocina quemado por el desagüe, manejar autos viejos e incluso ese papel que tiras en la calle contribuye a la contaminación ambiental y al inminente ensanchamiento del agujero en la capa de ozono.
¿Deberá ocurrir un terremoto en Lima y en otras ciudades importantes del mundo para que la población se entere y concientice que cuidar la naturaleza podría aminorar el problema de los movimientos terrestres? El Perú no está exento de esto, ya ocurrió una vez, podría volver a suceder mucho antes de lo que esperamos, ¿Por qué no intentar una solución que no solo salve nuestras vidas sino también la del mundo entero? Es una discusión de nunca acabar por los intereses millonarios que abarca este tema, pero nuestra sociedad podría aportar ese granito de arena que el mundo necesita para dar un respiro de alivio. Aún estamos a tiempo.
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